domingo, 5 de agosto de 2012

De zapatos, pasteles e ideas revueltas.

Ayer quise escribir pero al parecer el supuesto smartphone y la laptop se pusieron de acuerdo para un complot. En fin.

Me quise comprar unos zapatos, o botas como las llama mi madre, yo sólo conozco: Zapatos, chanclas y tenis, punto; así que cómodamente me levanté a las 8:00 a.m. lo que es un tortura considerando mi estilo de sueño, ejem... 12:30 de la tarde específicamente.

Y bueno, iba yo contenta porque tendría calzado nuevo ¡Oh, ya sé! Soy tan materialista.... Pero ¡Mangos! Había un montón de señoras en el puesto de segunda que era difícil situarse en un espacio para ver algo... Hasta que las divisé. Hermosas. Grises como una mañana de invierno. Con una piel tersa de envidia. Espectaculares. Unas botas perfectas. Fue amor a primera vista. Ya me veía yo con ellas. Vestidos, pantalones, todo. Pero, una insulsa chiquilla de escasos trece años tenía un zapato y me era imposible arrebatárselo. Pobre de mí. Esperé como un gato al acecho. De caza. Suena ridículo, pero fue la primera vez que sentí ese impulso de compra.

No les quité la mirada de encima hasta que la madre de esa niña llegó, supuse el fin de mis añoradas botas... Pero, ¡Aún quedaba la esperanza de que no le calzara! Por desgracia, la bota era de su medida. Así que me dí por vencida. Nada tenía que hacer ya. Pero algo pasó... La señora se quedó con los zapatos en su mano en lugar de llevárselos ¡¿Queeeeé?! Era una expresión suicida, todo el mundo arrebataba pares, pagaba y se largaba. Se divagó en el horizonte mientras la niña clamaba su compra. Y la señora hacía diversos gestos. Todo mundo quiso desesperadamente quitarle el calzado... ese tan perfecto.

Me dí cuenta que nosotros nunca nos damos cuenta del tesoro que poseemos en las manos... Mientras otros se deleitan con su poder. Que triste.

La señora a regañadientes se llevó la compra. Pero, a pesar de que no estaba contenta ni con la hija ni las botas no quiso ceder a nadie el calzado. La odié infinito.

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Hoy fue mi cumpleaños, sin botas nuevas obviamente, y me dieron un cuyo, un pastel, un yogur, una torta, molestas notificaciones de facebook, una camisa de hombre a cuadros y un paseo en cuatrimoto. Fue muy bello. Uno de los mejores cumpleaños, sencillo pero el mejor de todos sin duda. Mi novio me regaló un pastel precioso... Muy bonito, lo que hizo a mi padre ponerse celoso... Se me hizo tierno, ya que nunca me dijo nada hasta ahora... Supongo que es natural... Se quejó del pastel y me hizo bromas que ignoré.
Le mordí dos veces, ya que vino a dejarlo para mi familia y tuvo que irse. Le dí una gran rebanada y me tocó morderle a su pedazo. También al de nosotros. Es el mejor pastel que he probado.

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En cosas peores: Bueno, tengo 17 años. No, no es la edad. Pero siempre he tratado de recapitular mis hechos cada año. Debo decir que no estoy orgullosa de lo que he hecho, pero tampoco me arrepiento. Supongo que es la primera señal de empezar a vivir la vida ¿Por qué lo digo? Digamos que en los años posteriores a mis 15 años hice lo correcto, pero siempre me oprimía el hecho de sentirme como de 40 sin haber disfrutado de tiempos pasados ¿Iré por buen camino? Como sea, hoy amanecí contenta.

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Recomiendo una muy buena canción:


Me encanta... Beirut.


Me voy con mis trivialidades. Hasta luego almas.

Lucifer

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